Una manta queda atrapada en la valla fronteriza entre Estados Unidos y México en Nogales, Arizona, el 24 de febrero de 2025. Según el agente de la Patrulla Fronteriza Robert Ortiz, es común que las personas que trepan la cerca usen mantas para protegerse del alambre de púas. (Foto de Sydney Lovan/Cronkite Noticias)

(Audio por Laura Sandoval-Vidrio/Cronkite Noticias)

NOGALES – La luz de la mañana brilla con dureza a través de las escasas ramas de unos pocos árboles que crecen en los bordes de Cancha Reforma, una cancha de baloncesto vacía en Colonia del Rosario, una de las muchas colonias -o barrios- de Nogales, México.

Los bancos, que alguna vez fueron lugares de reunión, ahora están abandonados y desgastados. La pintura se está descascarando y sus superficies están frías. Una suave brisa empuja bolsas de papas fritas vacías y vasos de refrescos a través del asfalto agrietado de la cancha, creando un leve crujido.

Este espacio abandonado se ha transformado en un refugio involuntario donde los migrantes deportados y las familias desplazadas de los Estados Unidos ahora se ven obligados a llamar hogar.

En las sombras detrás del patio, hay estructuras frágiles hechas de lona, madera contrachapada, trozos de metal y plástico, que brindan el refugio suficiente para sobrevivir.
“Hemos formado una comunidad aquí. Sabemos que no estamos solos en esto”, dijo María Rosario López, una empleada doméstica y madre de dos hijos que vivía en Avondale antes de ser deportada hace más de un año.

Agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) allanaron la casa de su amiga durante una reunión de carne asada en busca de inmigrantes indocumentados.

María Rosario López se emociona al compartir la historia de su traumática deportación y separación de sus dos hijos el 24 de febrero de 2025 en Nogales, México. (Foto de Sydney Lovan/Cronkite Noticias)

A pesar de tener un caso de asilo pendiente por su estatus legal, los agentes detuvieron a López y la enviaron al Centro de Detención de Eloy en Arizona, donde esperó durante más de 6 meses para luchar su caso para quedarse en los Estados Unidos.

López es una de los aproximadamente 11 millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos que corren el riesgo de ser deportados. Junto a ella hay otras mujeres, hombres y niños deportados, acurrucados.

Las condiciones en el centro de detención eran tan crueles que López dijo que no podía soportar el dolor interno, viviendo en soledad y confinada en una pequeña celda. Eligió la deportación por el bien de su bienestar mental, dejando atrás a sus hijos de 13 y 30 años.

“No tengo otra opción”, dijo López. “Tengo que seguir avanzando por ellos”.

ICE opera más de 190 instalaciones de detención en todo Estados Unidos para retener a no ciudadanos mientras pasan por procedimientos de inmigración o esperan ser deportados después de una orden de deportación final.

El proceso de deportación no solo es un procedimiento prolongado, sino que también es inhumano, según López. Los agentes de ICE no se arrepentían, eran arrogantes y descaradamente racistas dijo López. “Nos tratan como si fuéramos unos criminales, no es un centro de detención, es una prisión”.

López sufrió una fractura en un pie mientras estaba en proceso de deportación. Cuando se le ofreció la oportunidad de someterse a una cirugía, López negó la ayuda. Dijo que no se sentía cómoda con los agentes y el personal médico y que sentía que estaba en peligro.

“‘Suéltame el pie'”, dijo López a los agentes de ICE mientras esposaban fuertemente su tobillo fracturado durante su deportación. “Me dolía mucho el tobillo, pero no me escucharon, no les importó”.

Familias migrantes se reúnen en Nogales, México, para recibir alimentos y otros suministros de la organización sin fines de lucro Esperanza en la Frontera el 24 de febrero de 2025. (Foto de Sydney Lovan/Cronkite Noticias)

Su experiencia de deportación y negligencia no es única.

Las personas detenidas con frecuencia experimentan serios retrasos en el acceso a los servicios de salud mental, y muchas de sus solicitudes de atención no reciben respuesta, según un informe del Centro Nacional de Justicia para Inmigrantes.

Al menos seis personas han muerto bajo custodia de ICE durante este año fiscal, según la Red de Vigilancia de la Detención.

“Cada una de estas muertes representa una tragedia prevenible y subraya el peligro sistemático que representa poner a las personas en detención de inmigrantes. ICE no ha proporcionado atención médica y de salud mental adecuada, ni siquiera básica, y no ha garantizado que las personas detenidas sean tratadas con dignidad”, dijo la abogada principal de ACLU, Eunice Hyunhye Cho, en un informe publicado el año pasado.

La detención y la deportación no solo aumentan el miedo entre las familias inmigrantes, sino que también tienen graves efectos negativos en su salud y bienestar, según estudios de grupos focales de Kaiser Permanente.

López dijo que todavía está lidiando con el trauma de su experiencia bajo la custodia de ICE.

“Cuando les dije a los psicólogos lo mal que estaba sufriendo mentalmente, se negaron a escuchar”, dijo López. “Dijeron que no podían hacer nada por mí y esa fue la última vez que busqué ayuda”.

“Estas personas están olvidadas”, dijo Alma Mendoza, fundadora de Esperanza en la Frontera, una organización sin fines de lucro que ayuda a las familias deportadas con alimentos, equipos médicos, ropa, juguetes y otras necesidades básicas.

La organizadora de Esperanza en la Frontera, Alma Mendoza, reparte alimentos y bebidas a familias migrantes en Nogales, México, el 24 de febrero de 2025. (Foto de Sydney Lovan/Cronkite Noticias)

Los voluntarios de Esperanza en la Frontera visitan Cancha Reforma tres o cuatro veces al mes, llegando en un miniván cargado con hieleras y agua, bebidas energéticas y atún para hacer sándwiches de proteínas para las personas varadas.

“Para muchos de nosotros, nuestras necesidades cotidianas parecen insignificantes, pero para ellos, lo es todo”, dijo Mendoza.

Mendoza reúne donaciones de su trabajo diario limpiando casas en Phoenix: ropa usada, zapatos, calcetines, mochilas. Su familia también ayuda, comprando artículos en tiendas de segunda mano para llevar a la frontera.

“Son inmigrantes que ayudan a sostener la economía, pero son más que solo inmigrantes, también son seres humanos”, dijo Mendoza.

Al final, la realidad para muchos inmigrantes deportados y sus familias es una vida definida por el miedo, el acceso limitado a la atención médica y una incertidumbre abrumadora.
“No hay un sistema de justicia”, dijo Mendoza. “Es un sistema roto”.

En Cancha Reforma, Mendoza reparte cuidadosamente comida y agua bajo el calor abrasador.

Los niños corren por la cancha agrietada riéndose. Las madres se sientan en bancos desgastados charlando y vigilándolos.

Incluso en medio del desplazamiento, una comunidad perdura. Esperanza en la Frontera, es lo que mantiene viva a esta comunidad.

López, espera que la justicia prevalezca y sueña con reunirse pronto con su familia.

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Laura Sandoval expects to graduate in spring 2025 with a bachelor's degree in journalism and mass communication and a minor in business. Sandoval interned as a public relations specialist for Quinto, an...