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PHOENIX – Brian Dunseth creció en la sombra del Rose Bowl. Mucho antes de convertirse en defensor de la MLS y, más tarde, en comentarista de alcance nacional, el nativo del sur de California era apenas un adolescente que se apoyaba contra los muros de concreto del escenario más grande del fútbol en el país.
Tenía 16 años cuando la Copa Mundial de 1994 llegó a Pasadena. No podía pagar una entrada, así que se quedó afuera del Rose Bowl solo para sentir el estruendo que atravesaba aquellos gruesos muros. Del otro lado estaban los jugadores que marcarían ese verano y el futuro de varias generaciones del fútbol en Estados Unidos. Años después, esos mismos futbolistas serían sus compañeros de cancha.
“Poder compartir un vestidor, una comida o una habitación de hotel con esos tipos fue un sueño hecho realidad”, recordó Dunseth. “Éramos, de alguna manera, los guardianes del legado del 94. Éramos como los Dick Butkus del fútbol: los albañiles que sentaban las bases de lo que siempre pensamos que sería un futuro difícil de definir”.
Hoy, como comentarista de partidos de la MLS y de otros grandes torneos como la Copa Mundial de Clubes de la FIFA y la Copa Mundial de la FIFA 2026, “Dunny” observa el deporte desde una perspectiva distinta.
“En algún momento del partido siempre me detengo, respiro hondo y pienso: “Carajo, de verdad estás aquí””, dijo.
Treinta y dos años después de aquel inolvidable verano de 1994, Estados Unidos vuelve a ser anfitrión de una Copa del Mundo. Las Barras y las Estrellas se enfrentan a Bosnia y Herzegovina en los dieciseisavos de final este miércoles a las 5 p.m. (MST) en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California.
La selección estadounidense de 2026 ya ha llamado la atención dentro del país por su desempeño en la fase de grupos, pero la ronda de eliminación directa representa una oportunidad para demostrar que la inversión, el desarrollo y el impulso cultural que generó el equipo de 1994 pueden, por fin, traducirse en un impacto duradero para el fútbol estadounidense y permitir que U.S. Soccer haga realidad el potencial del que tanto se ha hablado.
Una odisea del fútbol estadounidense
Antes de 1994, el fútbol en Estados Unidos avanzaba a trompicones. En la primera Copa Mundial, competida en Uruguay en 1930, la selección estadounidense terminó en tercer lugar. Desde entonces, el equipo nunca ha superado los cuartos de final y no logró clasificarse al Mundial en 10 ocasiones.
Leander Schaerlaeckens, autor de The Long Game: U.S. Men’s Soccer and Its Savage, Four-Decade Journey to the Top, or Thereabouts, describe las décadas posteriores al Mundial de 1930 como un período “caótico y disfuncional”.
“Después de 1930, la American Soccer League desaparece y el deporte queda prácticamente relegado a ligas regionales de comunidades inmigrantes”, explicó. “No existía una estructura nacional coherente y, cuando la televisión llegó e impulsó la industria deportiva en Estados Unidos, el fútbol simplemente no estaba presente”.
Jeff Crandall, historiador de U.S. Soccer, tiene su propia forma de describir esa época.
“Yo llamo al período comprendido entre 1951 y el gol de Paul Caligiuri los años en el desierto”, dijo. “No logramos clasificar a nueve Copas del Mundo consecutivas”.
La North American Soccer League convirtió brevemente al fútbol en una moda durante la década de 1970, pero la liga desapareció en 1984.
“No fue algo positivo para el futbolista estadounidense”, afirmó Schaerlaeckens. “No estaban desarrollando al jugador estadounidense en absoluto”.
A finales de los años 80, la selección nacional sobrevivía gracias a los salarios del fútbol de salón y a jugadores universitarios.
“Casi ninguno de esos jugadores jugaba profesionalmente al fútbol al aire libre”, dijo Crandall. “Muy pocos.”
Por fortuna para Estados Unidos, todo cambió gracias a un solo disparo con la pierna izquierda de Paul Caligiuri en Trinidad en 1989. Su gol le dio al conjunto estadounidense una victoria por 1-0 sobre Trinidad y Tobago en el Estadio Nacional de Puerto España, asegurando la clasificación del USMNT a la Copa Mundial de la FIFA Italia 1990.
“1989 representa el gol más importante en la historia del fútbol de Estados Unidos”, dijo Crandall. “Si Estados Unidos no se hubiera clasificado para 1990, la FIFA estaba dispuesta a quitarle la sede del Mundial. Si 1994 no ocurre, la MLS no existe”.
Aun así, la selección de 1994 llegó al torneo con pocos antecedentes y con todavía menos confianza por parte del mundo exterior.
“Nadie apostaba por nosotros”, dijo Marcelo Balboa, exdefensor del USMNT e integrante del Salón Nacional de la Fama del Fútbol. “Todo el mundo esperaba que fracasáramos. Si miras ese once titular, siete de nosotros no teníamos equipo. Siete nunca habíamos jugado fútbol profesional”.
Cobi Jones, el jugador con más partidos disputados en la historia de la selección estadounidense, recuerda la responsabilidad que enfrentaban.
“El fútbol seguía siendo un deporte en pleno crecimiento en Estados Unidos”, dijo. “Sabíamos que el Mundial siempre representaba una oportunidad para crecer de manera exponencial”.
Nadie esperaba que avanzaran más allá de la fase de grupos, pero desafiaron todos los pronósticos.
“Sorprendimos a mucha gente”, afirmó Balboa. “Le abrimos los ojos a muchas personas y sentamos una base muy sólida para la siguiente generación”.
Jones recuerda cómo lo consiguieron.
“Fuimos competitivos en todos los partidos”, dijo. “Ganamos encuentros que nadie esperaba que ganáramos. Y siempre jugábamos nuestros mejores partidos cuando nos estábamos divirtiendo”.
Estados Unidos comenzó la fase de grupos con un empate 1-1 frente a Suiza, pero rápidamente cautivó al país tras una histórica victoria por 2-1 sobre la favorita Colombia. Aunque cayó 1-0 ante Rumania en el último partido de la fase de grupos, el rendimiento del equipo fue suficiente para clasificar a los octavos de final. En esa instancia se enfrentó a Brasil, que posteriormente se coronaría campeón del torneo. Estados Unidos perdió por un ajustado 1-0, pero el impacto de haber competido con el futuro campeón despertó algo que cambiaría el rumbo del fútbol en el país.
El país se dio cuenta, y los uniformes de mezclilla de Adidas con estampado de estrellas, las largas cabelleras de todos los estilos y colores, y un plantel lleno de personalidades extrovertidas y sin filtros se convirtieron en un fenómeno cultural de la noche a la mañana. Para un país que aún buscaba definir su identidad futbolística, aquel equipo le dio al deporte un estilo auténticamente estadounidense con el que la gente pudo identificarse.
“Los medios estadounidenses reaccionaron como diciendo: ‘¡Mierda!, ¿quiénes son estos tipos? Tenemos que convertirlos en figuras'”, dijo Schaerlaeckens. “Necesitaban nombres a los que pudieran asociar todo esto”.
El ex seleccionado estadounidense Earnie Stewart no fue consciente del impacto de aquel momento mientras lo vivía.
“Era joven y no lo veía de esa manera”, dijo. “Pero, viéndolo en retrospectiva, sí, fuimos parte de un pedazo de la historia”.
El nacimiento de una liga nacional
Cuando la FIFA le otorgó a Estados Unidos la sede de la Copa Mundial de 1994, lo hizo con la condición de crear una liga de primera división.
“La Major League Soccer es el legado de la Copa Mundial de 1994”, afirmó Dan Courtemanche, vicepresidente ejecutivo de la MLS. “Empezamos sin un solo estadio específico para fútbol. Muy pronto tendremos 30 construidos exclusivamente para clubes de la MLS”.
Las cifras son impresionantes. Según Courtemanche, se han invertido “11 mil millones de dólares” en estadios, academias y centros de entrenamiento. Además, destacó que “desde 2018, la MLS ha incorporado siete nuevos clubes, nueve nuevos estadios y 12 nuevos centros de entrenamiento, mientras que la asistencia a los partidos ha aumentado un 33 %”. Al mismo tiempo, aseguró que el valor de las franquicias de la liga es ahora “tres veces mayor”.
En cuanto al desarrollo de jóvenes futbolistas, Courtemanche destacó el compromiso de toda la liga.
“La propiedad de los clubes está realmente comprometida con el crecimiento sostenible del deporte en las comunidades locales, y una parte fundamental de eso es el sistema de desarrollo de jugadores”, dijo. “Los 30 clubes de la MLS cuentan con academias juveniles que comienzan desde la categoría Sub-12. Además, tenemos MLS NEXT, nuestro sistema de desarrollo juvenil, que se extiende por Estados Unidos y Canadá y cuenta con más de 43,000 jugadores”.
Dunseth ha sido testigo de esa inversión de primera mano.
“Entré a las nuevas instalaciones del Real Salt Lake y pensé: ‘Caray, qué envidia me da'”, dijo. “Estos chicos reciben desayuno, almuerzo y refrigerios… hasta sus licuados de proteínas están diseñados específicamente para sus cuerpos. Es un mundo completamente diferente”.
Schaerlaeckens también ve el potencial del sistema de desarrollo de la MLS.
“La MLS ha democratizado el desarrollo del fútbol juvenil”, afirmó. “Evita el sistema de pago por jugar, en el que las familias llegan a gastar 5,000 dólares al año. Pero solo tenemos 30 academias en un país de 380 millones de habitantes. Si vamos a depender de la MLS, necesitamos 300”.
Mientras tanto, Crandall señala cómo ese desarrollo ya se refleja en la selección nacional.
“Apostaría a que entre el 75 % y el 80 % del plantel actual pasó en algún momento por una academia de la MLS”, dijo.
Según Courtemanche, ese porcentaje es aún mayor en las selecciones juveniles de Estados Unidos.
“El 95 % de los jugadores de las selecciones juveniles nacionales se forman a través del sistema de la MLS”, afirmó. “Veintiuno de los 26 futbolistas que integran la plantilla de Estados Unidos para el Mundial surgieron del ecosistema de la MLS”.
Con una nueva era de crecimiento, inversión y desarrollo del fútbol en Estados Unidos, también está floreciendo una cultura futbolística, algo que Jones ha notado de primera mano.
“Ahora ves estadios llenos”, dijo. “Ves a la gente usando camisetas de fútbol como usan las de la NBA o la NFL. Lo veo todo el tiempo en las calles de Los Ángeles”.
Jones se enorgullece del vínculo generacional que ha servido de base para muchos de los jóvenes aficionados de hoy.
“Ves a niños con la camiseta de (Christian) Pulisic o (Weston) McKennie, mientras que sus papás o sus mamás llevan una de Jones o Stewart”, dijo. “Eso es importante. Así es como se crean aficionados de generación en generación”.
Stewart también reconoce el potencial de ese cambio cultural.
“La gente que ama el fútbol quiere sentirse representada e identificarse con algo”, dijo. “En un país tan grande y con tanta gente apasionada por este deporte, hay muchos países que envidiarían eso”.
Por su parte, Dunseth compara la afición por el fútbol con las subculturas alternativas.
“Siempre he visto al fútbol de la misma manera que el skateboarding y la música punk”, dijo. “Pueden golpearnos todo lo que quieran, pero seguimos teniendo nuestro propio espacio, ¿no? Hay cosas que no son negociables cuando se trata de proteger nuestro deporte”.
A pesar de todos los avances, quienes están más cerca del fútbol siguen atentos a lo que no ha cambiado y a los factores que todavía frenan el crecimiento del fútbol estadounidense.
Aunque Schaerlaeckens reconoce el potencial, tampoco maquilla la realidad del proceso.
“Llevamos 30 años tratando de encontrar atajos”, dijo. “Project 2010, Generation Adidas, los programas de residencia… intentando ser más inteligentes que otros 210 países. Al final, resulta que la única forma de lograrlo es haciendo las cosas bien”.
El sistema de pago por jugar también sigue proyectando una larga sombra sobre el crecimiento del deporte.
“Me estremece pensar en todo el talento que hemos dejado escapar”, afirmó. “Somos el único país donde el fútbol es un deporte para la gente con recursos”.
Incluso en 2026, la Copa del Mundo llega acompañada de obstáculos nunca antes vistos.
“El fútbol estadounidense ha quedado al margen de la Copa del Mundo”, dijo. “La FIFA tomó el control de todo. Las entradas son tan caras que ahora es mucho más difícil que nuevas personas descubran este deporte”.
Crandall subrayó las consecuencias históricas de esas barreras.
“En toda nuestra historia solo hemos ganado un partido de eliminación directa”, dijo. “Uno. Esa es la realidad”.
Y aunque el plantel actual es el más talentoso que ha tenido Estados Unidos, el camino hacia un éxito sostenido es más complicado de lo que parece.
“Todavía no tenemos el lujo de preocuparnos únicamente por el rendimiento del equipo en la cancha”, dijo Schaerlaeckens. “También tenemos que pensar en cómo impacta en la cultura, en si empieza a dejar una huella allí.
“Si llegan a los cuartos de final y al país no le importa, eso sería menos exitoso que alcanzar los dieciseisavos o los octavos de final, pero lograr que todo el país se contagie de la fiebre por el fútbol”.
Balboa fue una pieza clave de esa fiebre futbolística que recorrió el país en 1994 y recuerda el impacto inesperado de aquel verano.
“Estar aquí ahora, 32 años después, con Estados Unidos organizando otra Copa del Mundo, demuestra que lo que hicimos en el 94 fue un paso enorme”, dijo.
Los jugadores que hicieron posible aquel verano recuerdan la presión de representar a un deporte que todavía buscaba abrir paso en la cultura estadounidense. Ahora observan cómo una generación dorada, formada en academias y respaldada por grandes inversiones, cosecha los frutos de la pasión y la determinación que ellos sembraron.
Probablemente el jugador más emblemático de aquella selección de 1994, Alexi Lalas, lo resumió con un estilo que solo él podría tener.
“Me llena de orgullo, en lo más profundo de mi corazón estadounidense y pelirrojo, ver todo lo que hemos avanzado”, dijo Lalas. “Es algo sin precedentes cuando lo comparas con cualquier otro país y su cultura. Todavía nos queda mucho camino por recorrer, pero espero que este verano sirva para hacer una pausa y celebrar todo lo que hemos logrado.
“A veces, en el fútbol estadounidense, nos castigamos por lo que no somos o por lo que no hemos conseguido. Y creo que este verano puede servir para celebrar cuánto hemos avanzado y lo bueno que realmente es nuestro fútbol, tanto dentro como fuera de la cancha. Al final, deberías poder decir: ‘Ese equipo me hizo sentir orgulloso’. Orgulloso de la cultura del fútbol estadounidense. Orgulloso de Estados Unidos”.
La Copa Mundial de 2026 tiene el potencial de convertirse en un nuevo catalizador para el fútbol en Estados Unidos. Y aunque los pasos dados hasta ahora han dado resultados alentadores, Schaerlaeckens sabe qué hace falta para llevar al deporte al siguiente nivel.
“El fútbol simplemente tiene que convertirse en parte del tejido de la sociedad”, dijo.

